Prensa MinSalud.- El pasado 24 de junio los ciudadanos y ciudadanas de Venezuela vivieron un doble terremoto, el cual generó en la población general síntomas como el miedo, la hipervigilancia e insomnio; sin embargo la Lic. Melina Herrera, psicóloga clínica y Directora de Salud Mental del Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS), aclaró que estas manifestaciones no deben tener etiquetas apresuradas de patologías.
¿Estrés postraumático o respuesta normal?
Herrera explicó detalladamente la diferencia entre los mecanismos biológicos de defensa y el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), precisó que la respuesta humana inmediata ante situaciones dónde la integridad física se ve comprometida es normal que «el miedo sea una respuesta natural y normal ante una situación de peligro. Cuando nuestra vida está en riesgo, se produce el miedo, una respuesta real y esperada».
La experta también explicó que las circunstancias vividas con el doble movimiento telúrico del 24 de junio los primeros síntomas fueron «de adrenalina incrementada» debido a que «hay un sentido de supervivencia».
Explicó que la persona afectada puede «pasar por miedo, hiperreactividad, sensaciones fisiológicas como sudoración, palpitación, taquicardia, sobresalto y pensamientos de que esto vuelva a ocurrir. Es decir, la persona está en un estado de hipervigilancia. Todas esas son reacciones completamente normales y esperadas porque la vida de muchos corrió peligro ese día».
Afirmando que la necesidad de catalogar clínicamente que la manifestación de angustia que viven actualmente miles de venezolanos y venezolanas sea considerada un TEPT, dado que se encuentra dentro de los lapsos biológicos de reajuste.
¿Cómo saber si el caso es TEPT?
La licenciada explica que según los protocolos de salud mental, se puede diagnosticar un cuadro patológico si «pasadas 4 semanas o 6 semanas que ya han bajado o disminuido las situaciones de peligro inminente, que la persona está cerca con su familia y en lugares donde ya no corre peligro; si estos síntomas persisten, es decir, esa hipervigilancia, miedo permanente, dificultad para dormir, dificultad para comer, terrores nocturnos, pesadillas, recordar siempre lo sucedido… si pasadas 4 o 6 semanas estos síntomas persisten, ya estamos hablando no de un estrés agudo, sino de un trastorno al cual hay que atender porque esto, más adelante, puede derivar en un trastorno de estrés postraumático. Pero de eso no se puede hablar ahorita, porque ni siquiera llevamos un mes de la tragedia».
La especialista del área enfatizó que el entorno social y familiar juega un papel crucial en la desaceleración del sistema nervioso colectivo. Asimismo, instó a los ciudadanos a no juzgar los ritmos individuales de recuperación, especialmente en adolescentes o compañeros de entorno, debido a que «cada persona procesa lo vivido de manera distinta y posee tiempos de adaptación particulares».
¿Cómo lidiar con personas afectadas?
Mientras algunas personas retoman su rutina con rapidez, otros continúan sufriendo alteraciones ya sean relacionadas con el sueño o el apetito, es recomendable respetar la individualidad, no se debe presionar al afectado ni comparar su avance con el ajeno.
Es importante que trates a las personas afectadas sin emitir consejos vacíos, críticas o invalidación del dolor, es mejor mantener el respeto del tiempo de cada persona y recordarle que te encuentras disponible para brindarle apoyo.
Quienes traten con personas afectadas deben tener en cuenta que el monitoreo constante y discreto es fundamental, esto con el fin de detectar si en la cotidianidad del afectado hay incremento del malestar psicológico con el paso de los meses.
Uso del PAP como primer apoyo
La utilidad de los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) como herramienta es el primer apoyo que puedes brindarle a una persona con manifestaciones agudas de crisis, las mismas se constituyen en tres fases: observar, escuchar y conectar Estas herramientas no constituyen un tratamiento psicoterapéutico ni la intervención de un especialista, pero es un apoyo inmediato, breve y de contención humana estructurado.
Para implementarlo debes reconocer que al observar se analiza el panorama completo, evaluando de forma prioritaria si la persona se encuentra en peligro físico o si requiere atención médica inmediata; luego se debe brindar un espacio seguro y empático para entender lo que está generando la crisis en la persona, no se debe interrumpir ni juzgar; al conectar con esta persona puedes ofrecerle una red de apoyo y una solución a la necesidad que tenga, ya sea guiarlo, contactar con un familiar de la misma o brindarle un espacio seguro para que se estabilice.
Breve guía de atención para poblaciones vulnerables
Los niños y niñas, suelen manifestar el impacto mediante regresiones conductuales, terrores nocturnos o resistencia a retomar actividades; por su parte los adolescentes suelen mostrar resistencia a aceptar el impacto vivido.
Es recomendable involucrar a niños, niñas y adolescentes paulatinamente en actividades productivas de esparcimiento, al igual que respetar sus tiempos de asimilación, sin forzar confesiones emocionales y manteniendo una vigilancia cercana para evitar una complicación de síntomas.
Por su parte, a las mujeres gestantes es importante que se mantengan en un ambiente de alta protección física, constante hidratación y apoyo emocional para que se disipe el estrés elevado que ocasionó el impacto.
En el caso de los adultos mayores, la angustia mediante descompensaciones por patologías bases como hipertensión, arritmias o glucémicos, suelen aislarse de la población general, es importante proveerles acompañamiento y validar sus temores, brindarle también el acceso a sus tratamientos habituales y un ambiente sereno y comunitario.
Finalmente la licenciada Herrera recordó que el Ministerios del Poder Popular para la Salud puso a disposición del público general la línea de orientación psicológica gratuita 0800-AYUDA-01 (0800-29832-01), la cual se encuentra activa de lunes a viernes de 8:00 a.m. a 8:00 p.m., además también se encuentran disponibles consultas psiquiátricas y psicológicas en la red de centros del Sistema Público Nacional de Salud.