Roiman F. Navarro V. / Prensa MinSalud. – Este 2 de febrero, el Hospital de Niños Dr. José Manuel de los Ríos conmemora casi nueve décadas de historia, como el epicentro científico y humano de la atención en salud para la infancia en Venezuela. Fundado formalmente en 1937, este gigante arriba a sus 89 años como un testimonio vivo de resiliencia, evolución y un compromiso que no conoce descanso.
Luisana tenía 15 años cuando fue diagnosticada con un coriocarcinoma en la glándula pineal del cerebro. Esta afección cambió radicalmente su vida. Era objeto de episodios de esquizofrenia, dolencias y transformaciones que deterioraron notablemente su salud.
Las interminables sesiones de radioterapia y quimioterapia eran parte de su vida cotidiana. En medio de su tratamiento médico en el J.M. de los Ríos, un día el hospital presentó un espectáculo navideño. Atraída por la música, Luisana no solo se acercó, sino que se atrevió a subirse a la tarima y cantar. Un villancico fue su debut.
Era una presentación del Núcleo Hospitalario del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que tiene sede en este centro de salud. Desde ese momento cambió su vida. Luisana tenía mucho que enfrentar para recobrar su salud, pero este pequeño espacio cambió la perspectiva de su proceso de sanación.
Luisana había sido Desahuciada. Su tumor estaba muy profundo y una operación era demasiado riesgosa, pero su médico asumió el reto e hizo la intervención quirúrgica. Su madre cuenta entre lágrimas que las primeras 48 horas eran muy delicadas, pero no se imaginaba lo que ocurrió. Apenas 9 horas después, su hija no solo había recobrado el sentido, sino que comenzó a cantar. Hoy es una joven sana, llena de sueños y proyectos, como cualquier otra venezolana.
Esta historia es solo un ejemplo: la mística médica, junto a los espacios de atención integral que ofrece el J. M. de Los Ríos, han sido fundamentales para garantizar la salud de los niños y niñas de la patria.
El Programa de Atención Hospitalaria (PAH) de El Sistema de Orquestas de Venezuela, que opera en el emblemático Hospital de Niños J.M. de los Ríos en Caracas, es una iniciativa pionera que transforma las salas de espera y las habitaciones en aulas de música. Este programa no solo atiende a los pacientes que enfrentan tratamientos prolongados por enfermedades crónicas o agudas, sino que también integra a niños de la comunidad de San Bernardino y zonas adyacentes.
A través de la enseñanza del cuatro, el violín, la flauta dulce y la práctica coral, los maestros de El Sistema realizan una especie de «pase de revista musical», adaptando las lecciones a la condición física de cada niño, permitiéndoles formar parte de ensambles orquestales que brindan conciertos dentro del mismo hospital, rompiendo así el aislamiento que suele imponer la hospitalización.
Más de 8 décadas de vida
La historia de esta institución se remonta al siglo XIX, una época en la que la pediatría apenas comenzaba a perfilarse como una especialidad médica autónoma en Venezuela. En aquel entonces, la atención infantil no contaba con la estructura formal que conocemos hoy, ya que la pediatría y la puericultura se consolidaron oficialmente en el país en 1947 con la creación de la Sociedad Venezolana de Pediatría y Puericultura. Este hito fue impulsado por figuras médicas fundamentales, entre las que destacó el doctor José Manuel de los Ríos, pionero y escritor cuyo legado académico sentó las bases para la atención especializada de la infancia venezolana.
El hospital abrió sus puertas formalmente el 2 de febrero de 1937 bajo el nombre de Hospital Municipal de Niños de Caracas. En sus primeros años, la comunidad médica lo conocía popularmente como el Hospital de Pirineos, debido a su cercanía con el Hospital Vargas en la esquina homónima. Esta sede original fue una obra diseñada por el ingeniero y arquitecto Ricardo Razetti. No obstante, el crecimiento de la demanda asistencial y la necesidad de modernización llevaron a que, en 1958, las autoridades tomaran la decisión de trasladar el centro a su actual sede en la Avenida Vollmer de San Bernardino, un edificio de vanguardia para la época que permitió expandir su capacidad operativa.
Con el paso de las décadas, el hospital se consolidó como el eje central de la pediatría moderna en el país. En años recientes, bajo la gestión del Gobierno Bolivariano, la institución fue incorporada al Plan Nacional de Rehabilitación Integral. Este proceso de transformación incluyó la renovación de su infraestructura y la dotación de equipamiento médico de alta complejidad, para fortalecer áreas críticas como nefrología, diálisis, cuidados intensivos neonatales y la unidad de hemato-oncología.

El corazón de la salud pública en cifras
Solamente entrar a cualquiera de los espacios del J.M de los Ríos, evidencia el permanente ritmo de actividad frenética que a diario protagoniza su personal médico, profesional y obrero. La operatividad del centro es una referencia nacional, los números son una evidencia palpable:
- Consultas externas: Entre 350 y 400 pacientes diarios.
- Triaje: Atención de hasta 500 pacientes por jornada.
- Capacidad: 197 camas de hospitalización.
- Especialización: 37 subespecialidades pediátricas activas.
«Contamos con un talento humano extraordinario que no solo atiende a niños de Caracas, sino de todo el país», contó la directora de este centro hospitalario, la doctora Sasha García, quien destacó que el hospital funciona gracias a la articulación entre el Gobierno Nacional y el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MinSalud) para garantizar insumos y equipos médicos para la atención de sus pacientes.

Pilares de vida y nuevos horizontes científicos
El J. M. de los Ríos se sostiene sobre servicios que son vanguardia en el territorio nacional. El Servicio de Nefrología es el único en el país que realiza trasplantes renales pediátricos. Además de la nefrología, actualmente la gestión se enfoca en el fortalecimiento de la Terapia Intensiva Pediátrica y la adquisición de tecnología de punta para los distintos tratamientos médicos que se desarrollan en este centro.
«Estamos trabajando para adquirir este mismo año el equipo de radioterapia, para atender a toda la población infantil que lo requiera», confirmó la directora del hospital.

Más allá de los equipos y la infraestructura, la esencia del hospital reside en sus mil 400 trabajadores. Desde el personal de seguridad hasta los especialistas de mayor rango, todos forman un engranaje diseñado para proteger el «semillero de la patria».
La licenciada Andreylis Maneiro, adjunta administrativa de enfermería, refleja ese sentir al expresar su orgullo por laborar en una institución cuya vocación es salvar vidas y garantizar el futuro del país. Resalta que el personal de enfermería trabaja de manera entregada para ofrecer una atención óptima y de calidad, pues notan que, al sentirse bien atendidos, los niños y niñas enfrentan mejor sus padecimientos de salud; «Es un orgullo cuando los vemos salir de alta, corriendo, jugando por esos pasillos, y que nuestro trabajo fue parte de eso», cuenta orgullosa.
Un compromiso cumplido con el pueblo
Hace ya un año que el emblemático Hospital de Niños J.M. de los Ríos, fue testigo de una transformación sin precedentes impulsada por el Gobierno Nacional. Bajo la premisa de que en Revolución la salud es un derecho y no una mercancía, el programa «Juntos todo es posible» ejecutó una intervención profunda que renovó el rostro de esta institución.
El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, no solo anunció, sino que supervisó personalmente los exhaustivos trabajos de rehabilitación y embellecimiento. Esta labor consolidó al centro de salud como referente de la atención pediátrica nacional, cumpliendo con la meta trazada por el jefe de Estado de garantizar «la mejor calidad a los pacientes, niños y niñas».
Durante la edición 71 del programa Con Maduro+, en el segmento “Más Transformaciones”, el presidente recordó la importancia de este esfuerzo colectivo.
La rehabilitación integral lograda hace un año incluyó:
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Infraestructura crítica: Recuperación de paredes, techos, ventanas y sistemas eléctricos.
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Climatización y servicios: Instalación de aires acondicionados, plomería y el sistema de gases medicinales.
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Estética y confort: Pintura interna, iluminación, señaléticas y el pulido de pisos de granito.
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Áreas médicas: Optimización total de las zonas de tratamiento para el bienestar de los infantes.

Aprendizaje y sanación
La Escuelita del Hospital de Niños de Caracas no es solo un salón de clases; es un refugio de normalidad en medio de batas blancas y estetoscopios. En este espacio, lápices y cuadernos se convierten en las herramientas de recuperación más poderosas. Mientras los médicos cuidan el cuerpo, la escuela nutre el espíritu, lo que permite que cada pequeño paciente, en medio de sus dolencias, mantengan vivos sus sueños.
A través de dinámicas adaptadas y un acompañamiento pedagógico lleno de ternura, este programa garantiza que la salud no sea una barrera para la educación. Aquí se celebran los logros académicos tanto como las mejorías médicas, y el tiempo de espera se transforma en espacio de descubrimiento. Es un compromiso compartido por docentes y familias para asegurar que, al salir del hospital, estos valientes estudiantes regresen a sus hogares con nuevos conocimientos e inquietudes.

Todo esto refleja la mística de una institución que, durante 89 años de presencia en el ámbito de la salud, se ha transformado para adecuarse a las necesidades de la población que acude a sus espacios con esperanza en la vida y la salud de sus niños y niñas.
Este aniversario no es solo una celebración de infraestructura, sino un homenaje a cada historia que ha cruzado las puertas de este recinto donde la ciencia, finalmente, se encuentra con la ternura.