Roiman F. Navarro V. / Prensa MinSalud. – Este 2 de febrero, el Hospital de Niños Dr. José Manuel de los Ríos conmemora casi nueve décadas de historia, como el epicentro científico y humano de la atención en salud para la infancia en Venezuela. Fundado formalmente en 1937, este gigante arriba a sus 89 años como un testimonio vivo de resiliencia, evolución y un compromiso que no conoce descanso.

Karina Trujillo recibió en el año 2021 un diagnóstico que activó sus miedos; Valentina Vielma, su hija adolescente, recibió en 2021 un diagnóstico de linfoma en la zona marginal (LZM), un tipo de Linfoma No Hodgkin, poco frecuente.

Con ese miedo llegaron ambas a la sede del J.M de los Ríos. La atención médica oportuna de todas las especialidades que requería para su recuperación plena fue vital para el testimonio que hoy cuentan: Valentina está totalmente recuperada.

La madre de esta adolescente narra con emoción que Valentina pasó por los servicios de hematología, infectología, cirugía e inmunología, entre otros, y que los profesionales de la salud que estuvieron frente a su caso médico fueron precisos en el tratamiento que su hija necesitó para lograr el resultado que hoy exhibe.

«Me encuentro muy agradecida primeramente con Dios por haber puesto en nuestro camino a esas personas en el hospital, los médicos licenciados, la directiva. Me complace poder decir en este momento gracias, gracias a cada uno de ellos, desde las personas de limpieza hasta los médicos, ha sido muy grande el apoyo que le han brindado a mi hija y a todos los niños que se encuentran en los diferentes servicios, para su recuperación», detalla la madre, Karina Trujillo.

En el año 2025, el presidente Nicolás Maduro conoció a Valentina en su programa Con Maduro +, a propósito de la rehabilitación de varios espacios del hospital. El jefe de Estado le recomendó que pusiera su fe en Dios para lograr su recuperación, y ella siguió el consejo.

Esta historia es solo un ejemplo: la mística médica, junto a los espacios de atención integral que ofrece el J. M. de Los Ríos, han sido fundamentales para garantizar la salud de los niños y niñas de la patria.

Más de 8 décadas de vida

La historia de esta institución se remonta al siglo XIX, una época en la que la pediatría apenas comenzaba a perfilarse como una especialidad médica autónoma en Venezuela. En aquel entonces, la atención infantil no contaba con la estructura formal que conocemos hoy, ya que la pediatría y la puericultura se consolidaron oficialmente en el país en 1947 con la creación de la Sociedad Venezolana de Pediatría y Puericultura. Este hito fue impulsado por figuras médicas fundamentales, entre las que destacó el doctor José Manuel de los Ríos, pionero y escritor cuyo legado académico sentó las bases para la atención especializada de la infancia venezolana.

El hospital abrió sus puertas formalmente el 2 de febrero de 1937 bajo el nombre de Hospital Municipal de Niños de Caracas. En sus primeros años, la comunidad médica lo conocía popularmente como el Hospital de Pirineos, debido a su cercanía con el Hospital Vargas en la esquina homónima. Esta sede original fue una obra diseñada por el ingeniero y arquitecto Ricardo Razetti. No obstante, el crecimiento de la demanda asistencial y la necesidad de modernización llevaron a que, en 1958, las autoridades tomaran la decisión de trasladar el centro a su actual sede en la Avenida Vollmer de San Bernardino, un edificio de vanguardia para la época que permitió expandir su capacidad operativa.

Con el paso de las décadas, el hospital se consolidó como el eje central de la pediatría moderna en el país. En años recientes, bajo la gestión del Gobierno Bolivariano, la institución fue incorporada al Plan Nacional de Rehabilitación Integral. Este proceso de transformación incluyó la renovación de su infraestructura y la dotación de equipamiento médico de alta complejidad, para fortalecer áreas críticas como nefrología, diálisis, cuidados intensivos neonatales y la unidad de hemato-oncología.

J.M de los Ríos: una referencia para la atención pediátrica

Solamente entrar a cualquiera de los espacios del J.M de los Ríos, evidencia el permanente ritmo de actividad frenética que a diario protagoniza su personal médico, profesional y obrero. La operatividad del centro es una referencia nacional, los números son una evidencia palpable:

  • Consultas externas: Entre 350 y 400 pacientes diarios.
  • Triaje: Atención de hasta 500 pacientes por jornada.
  • Capacidad: 197 camas de hospitalización.
  • Especialización: 37 subespecialidades pediátricas activas.

Este hospital ofrece a la población infantil del país neonatología, traumatología, ortopedia, oncología, nefrología, otorrinolaringología, entre otros, con profesionales altamente capacitados para atender cada necesidad médica. Destaca porque es el único centro de salud del país en ofrecer ortopedia infantil de manera gratuita.

«Realizamos intervenciones quirúrgicas de alta y baja complejidad, entre ellas tenemos trasplantes renales, operaciones tumorales, de columna entre otras acciones médicas», explica la directora de este centro hospitalario, doctora Sasha García, quien asegura que el hospital funciona gracias a la articulación entre el Gobierno Nacional y el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MinSalud), para garantizar insumos y equipos médicos para la atención de sus pacientes.

García resalta especialmente el servicio de nefrología, que a pesar de las dificultades que imponen a la salud las medidas coercitivas que durante años ha aplicado Estados Unidos contra Venezuela, no ha parado de atender a los niños y niñas que necesitan esta rama de la medicina. «No se han parado ni los trasplantes renales ni las intervenciones ni las diálisis diarias», enfatiza.

Además, agrega que el J.M de los Ríos atiende a diario pacientes con quimioterapia, oncología y hemato-oncología, que reciben sus tratamientos de manera efectiva y continua, «nos enorgullece muchísimo la recuperación de cada uno de ellos, ver su evolución. Es una satisfacción ver que el trabajo que se lleva en conjunto con un talento humano desde los médicos, las enfermeras y el personal administrativo, se hace un esfuerzo mancomunado con un solo propósito, que es brindarle salud a nuestros niños«, afirma la directora del hospital.

Actualmente la gestión se enfoca en el fortalecimiento de la Terapia Intensiva Pediátrica y la adquisición de tecnología de punta para los distintos tratamientos médicos que se desarrollan en este centro. «Estamos trabajando para adquirir este mismo año el equipo de radioterapia, para atender a toda la población infantil que lo requiera», confirma la directora del hospital.

Más allá de los equipos y la infraestructura, la esencia del hospital reside en sus mil 400 trabajadores. Desde el personal de seguridad hasta los especialistas de mayor rango, todos forman un engranaje diseñado para proteger el «semillero de la patria».

La licenciada Andreylis Maneiro, adjunta administrativa de enfermería, expresa su orgullo por laborar en una institución cuya vocación es salvar vidas y garantizar el futuro del país. Manifiesta que el personal de enfermería trabaja de manera entregada para ofrecer una atención óptima y de calidad, pues notan que, al sentirse bien atendidos, los niños y niñas enfrentan mejor sus padecimientos de salud; «Es un orgullo cuando los vemos salir de alta, corriendo, jugando por esos pasillos, y que nuestro trabajo fue parte de eso», cuenta orgullosa.

Espacios complementarios para la salud

Luisana tenía 15 años cuando fue diagnosticada con un coriocarcinoma en la glándula pineal del cerebro. Esta afección cambió radicalmente su vida. Era objeto de episodios de esquizofrenia, dolencias y transformaciones que deterioraron notablemente su salud.

Las interminables sesiones de radioterapia y quimioterapia eran parte de su vida cotidiana. En medio de su tratamiento médico en el J.M. de los Ríos, un día el hospital presentó un espectáculo navideño. Atraída por la música, Luisana no solo se acercó, sino que se atrevió a subirse a la tarima y cantar. Un villancico fue su debut.

Era una presentación del Núcleo Hospitalario del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que tiene sede en este centro de salud. Desde ese momento cambió su vida. Luisana tenía mucho que enfrentar para recobrar su salud, pero este pequeño espacio cambió la perspectiva de su proceso de sanación.

Luisana había sido Desahuciada. Su tumor estaba muy profundo y una operación era demasiado riesgosa, pero su médico asumió el reto e hizo la intervención quirúrgica. Su madre cuenta entre lágrimas que las primeras 48 horas eran muy delicadas, pero no se imaginaba lo que ocurrió. Apenas 9 horas después, su hija no solo había recobrado el sentido, sino que comenzó a cantar. Hoy es una joven sana, llena de sueños y proyectos, como cualquier otra venezolana.

El Programa de Atención Hospitalaria (PAH) de El Sistema de Orquestas de Venezuela, que opera en el emblemático Hospital de Niños J.M. de los Ríos en Caracas, es una iniciativa pionera que transforma las salas de espera y las habitaciones en aulas de música. Este programa no solo atiende a los pacientes que enfrentan tratamientos prolongados por enfermedades crónicas o agudas, sino que también integra a niños de la comunidad de San Bernardino y zonas adyacentes.

A través de la enseñanza del cuatro, el violín, la flauta dulce y la práctica coral, los maestros de El Sistema realizan una especie de «pase de revista musical», adaptando las lecciones a la condición física de cada niño, permitiéndoles formar parte de ensambles orquestales que brindan conciertos dentro del mismo hospital, rompiendo así el aislamiento que suele imponer la hospitalización.

Además de este espacio, existe la Escuelita del Hospital de Niños de Caracas.  No es solo un salón de clases; es un refugio de normalidad en medio de batas blancas y estetoscopios. En este espacio, lápices y cuadernos se convierten en las herramientas de recuperación más poderosas. Mientras los médicos cuidan el cuerpo, la escuela nutre el espíritu, lo que permite que cada pequeño paciente, en medio de sus dolencias, mantengan vivos sus sueños.

A través de dinámicas adaptadas y un acompañamiento pedagógico lleno de ternura, este programa garantiza que la salud no sea una barrera para la educación. Aquí se celebran los logros académicos tanto como las mejorías médicas, y el tiempo de espera se transforma en espacio de descubrimiento. Es un compromiso compartido por docentes y familias para asegurar que, al salir del hospital, estos valientes estudiantes regresen a sus hogares con nuevos conocimientos e inquietudes.

Un compromiso cumplido con el pueblo

Hace ya un año que el emblemático Hospital de Niños J.M. de los Ríos, fue testigo de una transformación sin precedentes impulsada por el Gobierno Nacional. Bajo la premisa de que en Revolución la salud es un derecho y no una mercancía, el programa «Juntos todo es posible» ejecutó una intervención profunda que renovó el rostro de esta institución.

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, no solo anunció, sino que supervisó personalmente los exhaustivos trabajos de rehabilitación y embellecimiento. Esta labor consolidó al centro de salud como referente de la atención pediátrica nacional, cumpliendo con la meta trazada por el jefe de Estado de garantizar «la mejor calidad a los pacientes, niños y niñas».

Durante la edición 71 del programa Con Maduro+, en el segmento “Más Transformaciones”, el presidente recordó la importancia de este esfuerzo colectivo.

La rehabilitación integral lograda hace un año incluyó:

  • Infraestructura crítica: Recuperación de paredes, techos, ventanas y sistemas eléctricos.

  • Climatización y servicios: Instalación de aires acondicionados, plomería y el sistema de gases medicinales.

  • Estética y confort: Pintura interna, iluminación, señaléticas y el pulido de pisos de granito.

  • Áreas médicas: Optimización total de las zonas de tratamiento para el bienestar de los infantes.

Todo esto refleja la mística de una institución que, durante 89 años de presencia en el ámbito de la salud, se ha transformado para adecuarse a las necesidades de la población que acude a sus espacios con esperanza en la vida y la salud de sus niños y niñas.

Este aniversario no es solo una celebración de infraestructura, sino un homenaje a cada historia que ha cruzado las puertas de este recinto donde la ciencia, finalmente, se encuentra con la ternura.

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